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DEPORTE, OCIO Y ESTILO DE VIDA.

Cecilio Santiago Alcalde.

 

1. INTRODUCCIÓN.

 

Las sociedades occidentales capitalistas, en el momento actual, inicio del s. XXI en el que se da el capitalismo avanzado, caracterizado fundamentalmente las nuevas tecnologías de la información y los fenómenos de globalización e integración transnacional, lo que Castells ha dado a conocer como sociedad red se identifica, en el ámbito individual, por otra cuestión, como es las múltiples posibilidades de ocio y estilos de vida que esta plantea.

El concepto "estilo de vida" según Featherstone,

 

Está actualmente de moda. Mientras que este término posee un significado más restringido en sociología, refiriéndose al estilo de vida que distingue a un grupo de estatus social específico, en la cultura del consumidor contemporáneo connota individualismo, personalidad y conciencia del propio estilo. El propio cuerpo, la indumentaria, la forma de hablar, las actividades de ocio, las preferencias en comida, bebida, casa, coche, elección de vacaciones, etc. deben verse como signos de individualismo en el gusto y sentido del estilo de propietario/consumidor (Featherstone, M., 1991, citado en Bocock, R., 1993: p. 52)

 

De esta forma, el ocio, aparece como un elemento fundamental dentro de este estilo de vida en las sociedades occidentales, más cuando su papel se va haciendo predominante por el aumento del tiempo libre que se da en estas sociedades y cuando la articulación social de estas actividades de esparcimiento aparecen tan, por un lado construidas para ser consumidas, con múltiples opciones diversas ofertadas por los empresarios de ocio, como por otro variadas, siendo las elecciones personales de los individuos las que sirven para dotar al sujeto de un estilo de vida propio que le ayuda a integrar su identidad.

Sin embargo, estas supuestas elecciones individuales rara vez son fenómenos absolutamente personales en los cuales los sujetos deciden de forma ajena a ciertos condicionantes sociales personales, como factores de instrucción académica, nivel ocupacional, edad o sexo. El fenómeno de la extensión del ocio y la búsqueda de la emoción, como una de las opciones más destacadas dentro de este ocio, se encuadra en las sociedades postindustriales de una forma determinada que a continuación pasaremos a analizar.

 

2. LA BÚSQUEDA DE LA EMOCIÓN.

 

Actualmente, en las sociedades occidentales, el deporte aparece como uno de los mayores referentes culturales, de forma que es un elemento identitario legitimador de estas, ya que en términos de Castells sirve para extender y racionalizar las instituciones dominantes de la sociedad frente a los actores sociales (Castells, M., 1997: p. 30).

Ahora bien, la construcción de este elemento es relativamente reciente, y se dio a partir de dos focos totalmente distintos y con distintas pretensiones. Por un lado, en Centroeuropa, unido al pensamiento intelectual y pedagógico, adquirió tres caracteres fundamentales, como eran: 1) ser un instrumento higiénico sanitario en la educación de la juventud; 2) su sistematización tecnológica; y 3) su utilización como instrumento de concienciación política. El otro foco fue Inglaterra, a raíz de la revolución industrial y Estados Unidos. Allí el empresario y el capitalista supieron fomentar el espectáculo deportivo de forma que fue capaz de atraer al público. La mayoría de las pruebas de lo que hoy llamamos atletismo fueron inventadas por universitarios ingleses, así como muchos de los deportes de grupo, como el fútbol, que además exportaron, y multitud de los aparatos o instrumentos a utilizar.

En España, a mitad del s. XIX, el deporte apenas existía fuera de los juegos de pelota en el País Vasco, centrándose los ámbitos de expresión corporal en el teatro, el baile y los toros. Sin embargo, esto cambió sustancialmente a principios del s. XX, perdiendo el deporte español los pocos signos de identidad que tuviese y adoptando plenamente los deportes inventados por los anglosajones como la filosofía del deporte centroeuropea. Como recuerda Nisbet,

 

La interacción, el movimiento y la variedad son inseparables de la vida social. Incluso en el seno de las culturas y los grupos más conservadores y estacionarios puede hallarse interacción social. La gente actúa entre sí en las diversas formas principales de interacción, tales como la coerción, la conformidad, la competencia, el intercambio y el conflicto. En los pueblos más tradicionales y ligados a la costumbre tiene que haber al menos cierto grado de movimiento; aunque no se trate más que de los movimientos de la rutina diaria (Nisbet, R. (ed.), 1979: p. 15).

 

Aunque en el caso que nos ocupa, el movimiento fue muy significativo, lo que trajo consigo un importante cambio social en referencia a las actividades deportivas a lo largo de este siglo, con la profesionalización de los deportistas, la elevada presencia de los deportes en la vida cotidiana y la democratización del deporte, que tienen, a su vez, mucho que ver con el auge de las clases medias, de sus aspiraciones sociales y de la secularización de la vida pública en general, que permitió que el deporte fuese bien visto entre las clases superiores. El deporte de este fin de siglo XX refleja los valores de las clases medias, así como el individualismo y el nacionalismo impulsado por las instituciones estatales. Sin embargo, no podemos olvidar la fuerte impronta que tuvo en el desarrollo del deporte español la dictadura franquista,

 

El carácter definitivo del deporte español, en cuanto a su implantación social y a su estructura organizativa actual, debe casi todo y está sustancialmente condicionado por la larga impronta impresa durante cuarenta años de régimen franquista, en los que la ideología nacionalista, la filosofía higienista del cuerpo y la burocratización pseudomilitarista del deporte fascista predominaron sin ninguna oposición organizada (Ruiz Olabuenaga, J. I., en Juárez, M. (dir.) 1994: p. 1994).

 

Será, sin embargo, a mediados de los setenta y en los ochenta cuando comenzará a sentirse en nuestro país de forma imparable el impacto de la publicidad y de las firmas comerciales patrocinadoras que asumirán el papel principal de fomentar el deporte para realizar extraordinarios negocios.

La organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, fue el espaldarazo definitivo al deporte español, asumiendo España un importante papel en el ámbito internacional, pudiendo equipararse a otras potencias europeas. Aun así, dentro de las opciones de ocio personal, el deporte se elige mas como espectáculo que como practica personal. Esto se puede deber a dos motivos: primero, que la emoción deportiva televisiva supone poco esfuerzo financiero y además, se encuentra favorecida por su mayor nivel de confort en el hogar; segundo, que los parientes y amigos interesan más que la cultura o el deporte. Es decir, practicar algún deporte esta menos valorado por las personas que, encerrados en una cultura terriblemente individualista, prefieren aprovechar su tiempo libre en mejorar sus relaciones con las personas de su entorno.

 

a) Diferentes formas de entender el deporte.

En cualquier caso, tampoco podemos negar la importancia que socialmente tiene el deporte aunque, según las encuestas, existan otras formas de ocio que son mejor valoradas, pero que, recordemos, no por ello tienen que ser necesariamente más llevadas a la práctica.

El deporte se puede disfrutar de dos formas, dependiendo de la actuación del individuo, ya sea de forma pasiva, como mero espectador, como de forma activa, como practicante. En este último debemos distinguir entre tres tipos de practica, ya sea deportista de elite, federado o simplemente aficionado.

En primer lugar, el deporte de élite está dirigido principalmente hacia el espectáculo, alcanzando unos altísimos niveles de negocio debido a su inmensa difusión a través de los mass media, lo que hace necesario que el Estado a controlar esta actividad sometiendo a los clubes deportivos a la normativa jurídica mercantil y laboral. Este tipo de práctica deportiva esta altamente especializada, de forma que los deportistas están rodeados de técnicos que les ayudan a superar sus marcas y las de sus contrincantes.

Debido a esta intensa profesionalización, se está produciendo una ruptura cada vez mayor entre el deporte de élite y los practicantes amateurs ya que a los practicantes profesionales de deportes se les prepara desde una edad cada vez más pequeña, no siendo el resultado, por tanto, de una supuesta lógica selección natural, sino de una planificación intensiva del desarrollo de la actividad deportiva del futuro deportista. Es por ello que este tipo de práctica deportiva no puede encuadrarse dentro del ocio propiamente dicho, al menos no para el practicante situado ahora como profesional, aunque si lo será para el espectador. De esto fue, por ejemplo, una clara muestra el resultado de los juegos olímpicos de Barcelona 92, en los cuales, mediante el plan ADO, por que se prepararon y subvencionaron a un gran número de deportistas, se consiguieron los mejores resultados de España en unas Olimpiadas en su historia, con mucha diferencia del resto de participaciones.

Los deportistas federados, aunque practican deporte de una forma menos sistemática y exhaustiva que los deportistas de élite, también se encuentran condicionados por una serie de limitaciones, como instituciones o calendarios, que condicionan su actividad deportiva. En muchas ocasiones estos condicionamientos alejan la práctica del ocio, que podría ser en primera instancia su intención.

En cuanto a los aficionados, estos se encuentran sometidos a unas limitaciones mucho menores que los dos tipos de practicantes anteriormente citados. Aparecen mucho más ocultos que los otros y es más difícil localizarlos y contabilizarlos. Practican su deporte por afición, de forma que es puramente ocio, aunque en muchas ocasiones se puede mezclar compromisos sociales, laborales o cuestiones de salud.

Entre los practicantes aficionados, ya sean federados o no, es donde podemos encontrar aquellas personas que dedican parte de su tiempo de ocio al deporte y es donde podemos descubrir las pautas de la evolución de la práctica del deporte en España. Podemos establecer una tipología de los ciudadanos en función de su practica deportiva, encontrando a: el marginal, aquel que no practica ningún tipo de deporte; el exclusivo, el que practica un deporte únicamente; y el polideportivo, que simultanea la práctica de varios deportes.

Pues bien, en lo respecta a la evolución desde 1975, el porcentaje de no practicantes ha descendido notablemente, pasando del 78% al 43% en 1992. Aun así, la proporción de deportistas exclusivos se ha mantenido constante, algo inferior al 20%. Sin embargo, ha sido en la categoría de polideportivos donde se ha experimentado un brutal ascenso, pasando del 7% de 1975, al 36% de 1992.

Este espectacular crecimiento de la práctica deportiva tiene como uno de sus pilares más importantes la educación escolar, que fomenta este tipo de actividad e introduce una cultura de la salud más completa que incorpora al deporte como uno de los elementos necesarios para mantener una buena actividad vital. Sin embargo, este crecimiento contrasta con la tendencia general en el resto de Europa y Norteamérica donde se observa un estancamiento de la práctica deportiva desde mediados de los ochenta. Esta situación probablemente este debida al retraso que llevaba España, tanto en aspectos políticos, sociales, infraestructurales o empresariales, frente al resto de países occidentales, debido a sus peculiares contingencias históricas, que hicieron de España unos de los países europeos mas tardíamente industrializados y, por ende, uno de los últimos en recoger los frutos de estos cambios sociales, como lo fue la mayor oferta de ocio en general y de deporte en particular.

Sin embargo, no podemos decir que el deporte se haya difundido entre las personas de mayor edad, sino que personas que de jóvenes practicaban deportes, han ido envejeciendo y manteniendo esas prácticas deportivas, que forman parte de su estilo de vida y, que por tanto, no han abandonado en su madurez.

La evolución de la práctica deportiva en España, al menos por lo que sabemos sobre licencias federativas, ha estado intensamente relacionada con la comercialización deportiva a través de los medios de comunicación. De esta forma, los deportes que más han aumentado su número de licencias coinciden con aquellos que tienen una mayor difusión mediática. Por otra parte, dentro de los deportes de menor difusión, los que mayor incremento han experimentado son los llamados deportes californianos tales como el golf, tenis de mesa, actividades subacuáticas, patinaje, deportes aéreos, piragüismo, hípica y tiro con arco, descendiendo el hockey, el billar y el remo.

El fenómeno fundamental que caracteriza al ocio en general, y al deporte en particular, a principios del s. XXI es su democratización. Sin embargo, esta democratización es diferencial según los tipos de deportes, ya que si bien algunos son accesibles para todos, otros se encuentran reducidos a determinadas capas sociales e, igualmente, mientras algunos son disfrutados a través de los medios de comunicación de masas, otros permiten una participación más cercana. En esta expansión del fenómeno deportivo han influido de forma importantísima dos procesos históricos contemporáneos, el alargamiento de la vida en buenas condiciones de salud, y la liberación parcial del tiempo femenino.

En este proceso, con el inmenso interés de las empresas en que los individuos practiquen deporte, se produce una competencia entre esta opción de ocio y otras muchas como las iglesias, museos, bibliotecas, casas de cultura, cines, teatros, programas sociales de educación de adultos... con sus componentes propios de un determinado estilo de vida. Aquí lo que se da es la cuestión de quien controla el tiempo libre de las masas, y el ocio "organizado" ha perdido la batalla frente al ocio "de mercado", ya que el consumo, y la capacidad de elección que debe subyacer en él, es uno de los elementos centrales de las sociedades occidentales, útil para conformar identidades, como recuerda Bocock,

 

El consumo no debe verse como una actividad simplemente inducida o provocada en los consumidores modernos por la industria publicitaria y los intereses comerciales sobre una audiencia pasiva. El consumo se ha convertido en un proceso activo que implica la construcción simbólica de una conciencia de identidad colectiva e individual. Esta conciencia de identidad ya no debería ser considerada como algo que reporta a los individuos su pertenencia a una clase económica específica, o un grupo de nivel social, o directamente a una etnia o sexo. Un número cada vez mayor de individuos tiene que establecer su propia identidad de forma activa. El consumo juega un papel fundamental en este proceso de construcción activa de identidades (Bocock, R., 1993: p. 101).

 

b) Practicante y espectador.

En la práctica deportiva de los españoles se constata la mayor popularidad de tres clases de deportes, la natación, la gimnasia y el paseo o footing, clasificación que por otra parte concuerda con la de la mayoría de países industrializados. La práctica mayoritaria de este tipo de deportes hace que muchos establezcan relaciones con la supervivencia física y el bienestar psíquico como motivaciones fundamentales para su ejercicio, dotándolos de un carácter instrumental, ya que el deporte es bueno para mantenerse en forma y tener una mejor salud. Sin embargo, como destaca el propio informe, el ejercicio de estos deportes esta condicionado por algunos factores,

 

La práctica en este tipo de deportes no viene afectada fundamentalmente por el sexo, sino por la clase social y por la edad de los practicantes. Tanto los jóvenes como los individuos de clases medias practican el deporte con mucha mayor frecuencia que las personas de edad avanzada, sobre todo si pertenecen a las clases obrera y pobre (Ruiz Olabuenaga, J. I., en Juárez, M. (dir.) 1994: p. 2011).

 

Sin embargo, no parece sencillo encontrar explicación a este fenómeno, mas cuando las actividades deportivas de las que se tratan no requieren, obviando la natación, de unas infraestructuras importantes, ni requieren equipamientos especiales que resulten excesivamente onerosos, de forma que no parece fácilmente inteligible el por que no aparece la practica de estos deportes más asentada en las clases bajas.

Ahora bien, podemos establecer ciertas relaciones entre el trabajo de Willis (Willis, P., 1980) y esta situación. Si reconocemos a la escuela como principal difusor educativo y centro de especial importancia a la hora de instaurar los hábitos deportivos, no podemos olvidar que los individuos que pertenecen a las clases bajas son, por lo general, personas de baja cualificación académica que generalmente han participado de la cultura contraescolar, cultura que se caracteriza fundamentalmente por la oposición a la escuela, a los profesores y, en general, a la autoridad. La cultura de la clase obrera, reflejo de la cultura contraescolar, es una cultura que lucha contra el lenguaje, pero, en general lucha contra lo que se pretende enseñar en la escuela y la practica ociosa del deporte se encuentra dentro de esta lucha, por lo que su practica aparece desvirtuada y, en general feminizada, ya que aparece en esta cultura obrera con una importancia excepcional los valores del patriarcado y la división sexual del trabajo,

 

Se produce en la articulación concreta en el lugar de las clases sociales de dos estructuras que el capitalismo sólo puede separar en el ámbito de la abstracción y cuyas formas ahora son parte de él. Estas son el patriarcado y la distinción entre trabajo mental y trabajo manual. La forma de la articulación consiste en una valoración cruzada y en la asociación de los dos términos clave en dos conjuntos de estructuras. La polarización de las dos estructuras se convierte en un cruce. El trabajo manual es asociado a la superioridad social de la masculinidad y el trabajo mental con la inferioridad social de la femineidad (Willis, P., 1980: p.172).

 

El deporte, según las clases obreras, lo practican personas que hacen trabajos afeminados, de oficina, las clases medias, ya que éstos no realizan actividad física alguna en su trabajo, a diferencia de los obreros. De esta forma, salir a hacer deporte se convierte en "una mariconada", para ellos sin sentido pues están físicamente fuertes gracias al trabajo, más masculino, que ellos realizan.

Volviendo sobre la tesis de la supervivencia física asociada al deporte, esta tesis se muestra parcialmente deficiente cuando observamos fenómenos como la asistencia a espectáculos deportivos o las salidas a la naturaleza.

En cuanto a las salidas al aire libre, la mayor importancia en general se adjudica al lugar y a la compañía que se lleve, dejándose el aspecto deportivo más al margen. Lo importante en estos casos son las experiencias personales vividas. Este tipo de salidas esta fuertemente condicionado por el tamaño del hábitat en el que se vive, siendo mucho más comunes entre los habitantes de las grandes ciudades que entre las de ciudades más pequeñas o pueblos.

Por lo que respecta a los espectadores, este es el fenómeno deportivo de mayor relevancia aunque su importancia se ha disparado debido a las posibilidades de los medios de comunicación de masas, que posibilitan al espectador disfrutar de los eventos deportivos desde la comodidad de su hogar, pudiendo disfrutarse incluso más que los propios asistentes al espectáculo en el lugar en el que se organice. De esta forma, el espectador se convierte socialmente más importante que el propio deportista, que actúa como ídolo que los espectadores aclaman.

En este sentido, el deporte se ha convertido en un ocio continuo, no solo de fines de semana, sino prácticamente diario, y para todos, ya que su difusión televisiva ha ayudado a alcanzar a todas las capas sociales y no solo a las más privilegiadas, que eran las que anteriormente tenían acceso a los lugares donde se producían tales eventos. Así, podemos afirmar que el espectadorismo se ha convertido en una de las características más relevantes del deporte contemporáneo. Bell así lo entiende,

 

Los entretenimientos de las masas (circos, espectáculos y teatros) siempre han sido visuales, pero hay dos aspectos distintos de la vida contemporánea que exaltan el elemento visual. Primeramente, el mundo moderno es un mundo urbano. La vida en la gran ciudad y el modo en que se definen los estímulos y la sociabilidad originan una preponderancia de las ocasiones para que las personas vean y quieran ver cosas (en lugar de leer y oír). En segundo lugar, por la naturaleza del temperamento contemporáneo, con su hambre de acción (en contra de la contemplación), su búsqueda de novedades y su ansia de sensaciones (Bell, D., 1976: p. 108).

 

Sin embargo, esta situación revela una curiosa paradoja, la cual consiste en la diferencia entre sexos en este apartado, sin explicación aparente posible, mas aun cuando en la práctica activa del deporte ambos sexos se encuentran en porcentajes de participación similares.

Cambiando de tercio, en España se practican una serie de deportes individuales, como la caza, pesca, bolos y paleta, que generalmente solo participan hombres de clases medias y altas, en los dos primeros y hombres y mujeres de estas mismas clases en los otros dos. Tienen unos practicantes estabilizados, algo menos del 10% y no parecen estar su existencia en peligro.

Por otra parte, en cuanto a los deportes más modernos originados mayoritariamente en Inglaterra, tanto individuales como de equipo, se han introducido en este siglo en nuestro país y han llegado generalmente a todos los estratos sociales. Son este tipo de deportes los que, además del ciclismo, concentran la totalidad de las retransmisiones deportivas. Además, solamente el fútbol, baloncesto y balonmano tienen federaciones nacionales capaces de organizar campeonatos regulares en el ámbito estatal.

 

c) Conclusiones.

Del informe pueden extraerse una serie de puntos significativos sobre la práctica del deporte en nuestro país en los últimos años:

 

3. OCIO Y ESTILOS DE VIDA.

 

En las sociedades postindustriales, cuando las clases medias han crecido de forma notable, teniendo acceso de forma suficiente a los medios necesarios para la subsistencia, los individuos, fuera de la estructura de clases marxista, han tenido que buscar nuevos elementos delimitadores de la propia identidad, alejados de la actividad laboral. En palabras de Bell,

 

Los aspectos más idiosincrásicos de la experiencia personal y el curso de la vida individual -las características de personalidad, la constitución corporal, la experiencia positiva o negativa con los padres, la experiencia con los iguales- están adquiriendo, en forma creciente, más importancia que los atributos sociales pautados en el moldeamiento del estilo de vida de una persona. A medida que se disuelve la estructura social tradicional de clases, es cada vez mayor el número de individuos que desean ser identificados, no por su base ocupacional (en sentido marxista), sino por sus gustos culturales y estilos de vida (Bell, D., 1979: p. 49).

 

De igual forma, el ocio ha pasado a ocupar un lugar central dentro de este estilo de vida, gracias al aumento del tiempo libre, lo que hace que las personas establezcan distintas relaciones sociales dependiendo de las opciones de ocio a las que los individuos se adscriban. El ocio se caracteriza por ser una serie de comportamientos que se repiten de forma sistemática por los individuos, constituyendo una dimensión central de la vida social cotidiana. Igualmente, estas conductas están relacionadas con una serie de factores y condicionamientos de la vida social, como estatus social, nivel educativo, situación familiar, sexo, edad... factores que indudablemente tenemos que tener en cuenta a la hora de estudiar las elecciones ociosas que realicen los individuos.

 

a) Los estilos ociosos.

El ocio constituye toda una serie de practicas integradas en un marco coherente, de forma que las personas tienden a primar un conjunto de conductas de forma completa sobre las demás. Se forman "familias de prácticas de conducta ociosa", cuya aglomeración da lugar a auténticos estilos de vida. Se distinguen en los españoles seis tipos de constructs habituales de comportamiento ocioso:

- Deportivo. Se caracteriza primordialmente por la importancia que se da a los deportes en el tiempo de ocio. Los cultivadores de este estilo se destacan del resto de los ciudadanos por su uso intenso del deporte o deportes de forma habitual. Entre estas personas se encuentran las personas que practican natación o gimnasia, los asistentes a espectáculos deportivos y los clientes de discotecas. Mas de dos millones de españoles (10% de los mayores de 16 años) practican este estilo de vida deportivo ocioso.

- Socializante. Es un estilo caracterizado por el afán de "estar en" el centro y "al tanto de" lo que ocurre en la vida social. Los que fomentan este estilo ocioso son personas que fomentan el círculo social de todo lo que se escribe, se comenta, se exhibe. Son lectores, espectadores de cine, aficionados a cenas y frecuentes excursionistas. Su estilo posee algo del estilo deportivo. Desarrollan, en cierto sentido, un papel de espectadores sociales semejante al de los espectadores deportivos.

- Jugador. Jugador es un término que, hasta hace muy poco tiempo, estaba reservado al que se dedicaba a los juegos de azar. Reservamos este término para un estilo de ocio en el que predomina la afición y el hábito de jugar en juegos de azar en cualquiera de sus modalidades, esto es, mediante dados, naipes, loterías, apuestas, quinielas, rifas y, últimamente, máquinas de azar o tragaperras. Si se llega a un comportamiento obsesivo puede degenerar en ludopatía.

- Hogareño. Es un estilo de ocio determinado sustancialmente por el entorno y su espacio, tanto físico como social: el hogar y la familia. Este estilo conlleva, en unos casos, una tendencia hacia el familismo o acompañamiento íntimo y, en otros, una tendencia opuesta hacia el individualismo y la soledad. Por esto, tienden a coexistir con este estilo el comportamiento orientado a la solución de solitarios, crucigramas, etc. en los que cierta soledad social es indispensable. Este carácter, mezcla de soledad social y compañía hogareña es el que hace que un tipo de actividad como la del juego de cartas pertenezca a este estilo de ocio lo mismo que al del juego.

- Cazador. Este estilo de vida, especialmente vinculado al sexo masculino, encuentra su inicial fundamento en cierto carácter instrumental de las actividades que recoge, y de las que pueden destacarse la caza, la pesca y el bricolaje. La utilidad, cierta soledad individual y una autonomía personal liberadora de las responsabilidades familiares atribuyen a estas actividades una condición de libertad y de iniciativa, de escape, que los transforma en recursos potenciales de ocio.

- Espectadorismo catódico. Es el estilo ocioso más difundido y, por lo mismo, el menos discriminante de la población española. En este sentido, el estilo catódico no constituye un rasgo discriminante interno cuanto un condicionamiento colectivo estructural diferencial frente a otras sociedades más tradicionales, en las que la difusión y el consumo de los medios de masas no hayan alcanzado el nivel de penetración que han alcanzado entre nosotros. Este estilo se reduce a dos tipos de espectadorismo, el de la radio y el de la televisión. No implica, en cambio, la audiencia de prensa, del cine o del teatro y, menos aun, la de la lectura de libros. Es un estilo de naturaleza generalizadora, no singularizadora. Este comportamiento, siendo habitual para casi el 60% de la población española, oscila entre extremos de ausencia (numerosos estratos de la población juvenil) y la obsesión, con más de cinco horas diarias. Estos últimos niegan el recurso a cualquier otro tipo de actividad ociosa que las del estilo catódico. Estas personas, lejos de ser marginadas socialmente, desarrollan una intensa participación social con los héroes de la vida social.

El poseedor habitual de un estilo ocioso concreto tiende a marginar el resto de los tipos, pero no todas las acciones provocadoras de emoción que pueden darse en otros estilos.

 

b) El ocio activo.

El tiempo libre es una condición necesaria para el disfrute del ocio, pero no es suficiente. Para que el ocio exista es necesario que transformemos este tiempo libre pasivo en tiempo libre activo, este tiempo debe ser disfrutado. De esta forma, hay muchos españoles que con abundante cantidad de tiempo libre, nunca llegan a disfrutar de ocio propiamente dicho pues no llegan a materializarlo. Existen diferentes formas personales de búsqueda de emoción y diferentes estructuraciones sociales para disfrutarlo. Las primeras seleccionan el instrumento provocador de emoción, las segundas lo estructuran socialmente. Por esta razón los sujetos eligen una "forma habitual preferencial" de búsqueda de emociones sin que ello suponga una "selección exclusiva". La práctica del ocio activo se compone de varias dimensiones:

- Búsqueda personal de un instrumento suscitador de emoción.

- Selección personal de uno de sus múltiples recursos potenciales.

- Estructuración social de esta búsqueda y experiencia personales.

- Fomento preferencial de una de las formas.

- Fomento no exclusivo del mismo.

En España, existe un 66'6% de individuos que adoptan habitualmente un estilo de ocio activo, lo cual no quiere decir que el resto no recurra a practicas concretas de ocio activo, sino que recurren a estas de forma aislada y asistemática. La existencia de un estilo de vida "apático", como plantean algunos autores, no parece adecuada, ya que más que un estilo activo, su actitud representa una carencia, una falta de participación en el ocio, más que una intencionalidad de apartarse del mismo.

 

c) Estilos de vida y estructura social.

En el estilo deportivo el factor más determinantes es el de la juventud. Engloba a los jóvenes de ambos sexos de edades entre los 17 y 25 años. El nivel de estudios incide de manera importante sobre todo con el incremento de edad. Sin embargo, mas que el sexo y el nivel de estudios, el factor fundamental es la edad.

En cuanto al estilo socializante, este se manifiesta genuinamente femenino. Las mujeres sienten mayor inclinación hacia la relación social y la tertulia. Igualmente, es importante la edad y el nivel de estudios, mayor nivel socializante cuanto más joven y preparada esta la persona.

El estilo jugador es característico de los hombres y, especialmente, de los de mayor edad. No es de especial significación el nivel de estudios alcanzado. En cuanto al jugador hogareño, se da más entre varones mayores, destacando aquellos con estudios secundarios.

En cuanto a los hogareños, es un estilo más característico entre las mujeres, para todas las edades y nivel de estudios. Esta situación esta condicionada con el papel otorgado hasta muy recientemente a la mujer, al cargo de la vida domestica y la crianza de los hijos.

El estilo catódico es más habitual entre jóvenes y viejos que entre adultos. Se da algo más entre los varones y entre aquellos con un inferior nivel de estudios.

Por último, el estilo cazador es típicamente masculino, no siendo casi practicado por las mujeres. Destacan los jóvenes y adultos con estudios superiores, pero en la vejez este último indicador pierde importancia.

 

4. CONCLUSIONES.

 

La irrupción de las ideas de ocio y estilo de vida en las sociedades occidentales en general y en España en particular se deben a una serie de circunstancias aparejadas con la consolidación de la sociedad capitalista postindustrial o informacional, la sociedad red, en la cual el tiempo de trabajo se haya legal y socialmente definido de forma que se acceden a espacios de tiempo construidos para el disfrute personal del individuo de la forma que este libremente elija.

Es aquí cuando el mercado desarrolla una serie de posibilidades mediante las cuales el individuo, en una sociedad en la que las clases sociales van lentamente disolviéndose y aparecen unas oportunidades de movilidad social como nunca hasta ahora se habían producido, debe definirse, construir su identidad, a partir de la elección de una serie de productos de consumo, que van desde el coche hasta el ocio, que definirán su estilo de vida, elemento central del ego.

El ocio aparece quizás como el principal elemento dentro del estilo de vida, ya que supone un conjunto de actividades coherentes entre si que determinan la utilización del tiempo libre de los individuos, así como la asignación de sus recursos económicos en beneficio de ciertas opciones de consumo y en perjuicio de otras.

Sin embargo, en esta elección de estilo de vida, junto al ocio y consumo que estas elecciones conllevan, nos indican que hay ciertas variables que son capaces de identificar a los sujetos pertenecientes a los distintos estilos de vida que se dan en España. Estas variables son, a juicio del autor de esta parte del informe, el sexo, la edad y el nivel educativo. Debemos hacer ciertas menciones a estas variables de forma detenida.

En cuanto al sexo, la tardía democratización de la sociedad española, junto, o quizás por ello, unido a la tardía incorporación de la mujer al mercado laboral, hacen de la sociedad española quizás una de las más tradicionales en el ámbito europeo, lo que puede condicionar que ciertos estilos de vida sean peculiarmente masculinos o femeninos, además de que los recursos económicos de las mujeres sean en muchos casos inferiores, lo que limite su participación en actividades que necesiten de grandes dispendios económicos.

La edad es un condicionante natural de todos los individuos, de forma que conforme más se avanza en ésta, el individuo tiende a buscar actividades más reposadas que supongan un menor actividad y gasto energético. Aparejado a esto está el incremento de responsabilidades y compromisos sociales que condicionan las actividades de ocio de manera importante.

Por último, el nivel educativo es un factor especialmente determinante en la elección de un determinado estilo de ocio, ya que, si bien por un lado hace que se desarrollen determinadas aficiones el poseer un cierto nivel cultural, como la lectura o la afición por el cine, el teatro, etc. no menos cierto es que este nivel educativo puede ciertamente condicionar el nivel de ingresos si va relacionado, como suele ser, con un empleo más cualificado y, por ende, mejor remunerado. De esta forma, se tendrá acceso a posibilidades de ocio que no vendrán únicamente condicionadas por el nivel educativo, sino por los recursos económicos disponibles.

 

5. BIBLIOGRAFÍA.

 

 

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